Los Duendes de Hopkinsville.
En la cultura popular de Estados Unidos, existen varias historias/leyendas sobre extraterrestres que perduran durante décadas. Historias que describen abducciones, encuentros o avistamientos OVNI que atraen a infinidad de investigadores y curiosos deseosos de documentar esos expedientes X. Una de las más importantes y que han generado infinidad de estudios e investigaciones, en busca de los motivos por los que se produjeron los hechos de la misma, son los del conocido como: Los Duendes de Hopkinsville.
Una noche quedaría en la memoria de dos familias en las afueras de una pequeña población llamada Hopkinsville (Kentucky). La noche del 21 de agosto de 1955 estaba siendo despejada, pero calurosa en Hopkinsville. Los miembros de la familia Taylor estaban visitando a los Sutton en su pequeña granja familiar. Las dos familias eran muy conocidas y respetadas, a parte de tener una muy buena amistad entre ellas. En aquella granja se juntaron nada más y nada menos que 11 personas entre hombres, mujeres y niños para disfrutar de una cena y una tranquila noche de verano. Billy Ray Taylor había salido un momento fuera de la granja y cuando volvió su estado alarmó a las familias. Billy Ray aseguró haber visto una luz que descendió rápida desde el cielo hasta no muy lejos de allí. Ninguno de los presentes quisieron creer a Billy Ray hasta el punto de bromear creyendo que, tal vez, había bebido algo más de la cuenta, pero su cara y su insistencia en lo que había visto hizo preocupar a las mujeres y niños que allí estaban presentes. Ante tal insistencia, decidieron entre varios hombres agarrar unas escopetas y salir a investigar. No tardaron demasiado en volver a la carrera tras varios disparos y entre gritos pidiendo a las mujeres y niños que se encerraran en alguna habitación para refugiarse, mientras ellos se hacían fuertes dentro de aquella granja. Fue entonces cuando empezó una auténtica pesadilla para ambas familias.
Tras parapetarse dentro de la granja, los nervios y el desconcierto reinaban en el ambiente. Ninguno sabía realmente lo que habían visto, aunque coincidían en que habían divisado aproximándose a la carrera y descendiendo desde algunos árboles, a unos pequeños seres que describirían como duendes de grandes cabezas, orejas, ojos, pequeñas bocas, brazos y piernas delgadas y una piel semejante a la de un reptil. Parecía que portaban una especie de trajes espaciales metálicos, que hicieron rebotar las balas que les dispararon. Hasta las 23:00 de la noche los Sutton y los Taylor descargaron munición cada vez que asomaba alguno de esos supuestos duendes, por alguna ventana o a través de la puerta principal.
Aquellos seres parecían jugar con ellos picando en las paredes, ventanas y subiendo al tejado ante el asombro de las dos familias que lo vivieron todo con gran tensión. Fue entonces cuando, tras un respiro que vivieron, decidieron reagruparse y salir a toda prisa hasta los vehículos, con la intención de huir de allí hasta el pueblo, donde denunciarian al Sheriff todo lo que habían vivido esa misma noche.
Viendo el nivel de nerviosismo de aquella gente y conociéndolos bien, el sheriff decidió reunir a todo el personal posible para investigar sobre el terreno. Cuando llegaron, los agentes de la ley pudieron comprobar como tanto en el exterior como en el interior de la granja habían visibles señales de disparos en árboles, ventanas y paredes, además de que el interior de la granja parecía haber sido revuelto por completo. Incluso detectaron pequeñas huellas en la tierra que no se asemejaban a ninguna persona o animal conocido. También localizaron una extraña sustancia entre la vegetación, que aseguraban brillaba cuando te alejabas de ella. Pese a que no parecía que hubiera rastro de aquellos extraños duendes, algunos agentes aseguraron escuchar extraños sonidos por el lugar, además de diversas luces que se alzaban desde la lejanía hasta el cielo estrellado. Aquella misma noche y tras marcharse los hombre del Sheriff, los Sutton decidieron pasar la noche que quedaba en su granja, aunque poco más tarde volverían a ver como aquellos duendes volvían a la carga, asomándose por la ventanas y creando de nuevo el pánico arma en mano.
Tras aquellos sucesos de la noche del 21 de agosto, aquella granja se hizo célebre en el lugar siendo visitada por cada vez más personas deseosas de conocer de primera mano la historia. Pese a que el ayuntamiento decidió ayudar a los Sutton a reconstruir su granja, ellos se negaron en rotundo hasta el punto de mudarse casi inmediatamente.
Los sucesos se intentaron explicar argumentando que unos monos escapados de un circo cercano y pintados de plateado pudieron confundir a las familias desatando la histeria, aunque esa teoría sería desacreditada debido a que unos monos pintados de color plata no serían capaces de repeler disparos de escopeta. Las fuerzas aéreas de los Estados Unidos que tenía una base cercana, ni confirmaron ni desmintieron que los radares hubieran detectado OVNIs por el cielo de Hopkinsville aquella noche, convirtiéndose aquel suceso, en uno de los casos de posible contacto extraterrestre más misterioso, que pocos se atrevían a no creer debido a la gran cantidad de testigos (11 en total).
Los terrenos de la granja fueron vendidos y hoy en día la pequeña granja de los Sutton ya no existe en el lugar exacto donde se levantaba, aún así infinidad de curiosos e investigadores OVNI siguen visitando el lugar y entrevistando a los descendientes de aquella familia que aún guardan aquel momento como una terrible pesadilla.
Esta historia inspiró a Steven Spielberg, que mientras recababa información OVNI y extraterrestre para su futura película "Encuentros en la 3ª fase" (1977), quiso estudiar el caso para producir una película en la que pequeños seres llegarían del espacio exterior para aterrorizar a unos granjeros, pero el proyecto se desecharía poco después.
Hoy los Duendes de Hopkinsville son todo un símbolo en el lugar y un reclamo turístico en toda regla.
Una noche quedaría en la memoria de dos familias en las afueras de una pequeña población llamada Hopkinsville (Kentucky). La noche del 21 de agosto de 1955 estaba siendo despejada, pero calurosa en Hopkinsville. Los miembros de la familia Taylor estaban visitando a los Sutton en su pequeña granja familiar. Las dos familias eran muy conocidas y respetadas, a parte de tener una muy buena amistad entre ellas. En aquella granja se juntaron nada más y nada menos que 11 personas entre hombres, mujeres y niños para disfrutar de una cena y una tranquila noche de verano. Billy Ray Taylor había salido un momento fuera de la granja y cuando volvió su estado alarmó a las familias. Billy Ray aseguró haber visto una luz que descendió rápida desde el cielo hasta no muy lejos de allí. Ninguno de los presentes quisieron creer a Billy Ray hasta el punto de bromear creyendo que, tal vez, había bebido algo más de la cuenta, pero su cara y su insistencia en lo que había visto hizo preocupar a las mujeres y niños que allí estaban presentes. Ante tal insistencia, decidieron entre varios hombres agarrar unas escopetas y salir a investigar. No tardaron demasiado en volver a la carrera tras varios disparos y entre gritos pidiendo a las mujeres y niños que se encerraran en alguna habitación para refugiarse, mientras ellos se hacían fuertes dentro de aquella granja. Fue entonces cuando empezó una auténtica pesadilla para ambas familias.
Tras parapetarse dentro de la granja, los nervios y el desconcierto reinaban en el ambiente. Ninguno sabía realmente lo que habían visto, aunque coincidían en que habían divisado aproximándose a la carrera y descendiendo desde algunos árboles, a unos pequeños seres que describirían como duendes de grandes cabezas, orejas, ojos, pequeñas bocas, brazos y piernas delgadas y una piel semejante a la de un reptil. Parecía que portaban una especie de trajes espaciales metálicos, que hicieron rebotar las balas que les dispararon. Hasta las 23:00 de la noche los Sutton y los Taylor descargaron munición cada vez que asomaba alguno de esos supuestos duendes, por alguna ventana o a través de la puerta principal.
Aquellos seres parecían jugar con ellos picando en las paredes, ventanas y subiendo al tejado ante el asombro de las dos familias que lo vivieron todo con gran tensión. Fue entonces cuando, tras un respiro que vivieron, decidieron reagruparse y salir a toda prisa hasta los vehículos, con la intención de huir de allí hasta el pueblo, donde denunciarian al Sheriff todo lo que habían vivido esa misma noche.
Viendo el nivel de nerviosismo de aquella gente y conociéndolos bien, el sheriff decidió reunir a todo el personal posible para investigar sobre el terreno. Cuando llegaron, los agentes de la ley pudieron comprobar como tanto en el exterior como en el interior de la granja habían visibles señales de disparos en árboles, ventanas y paredes, además de que el interior de la granja parecía haber sido revuelto por completo. Incluso detectaron pequeñas huellas en la tierra que no se asemejaban a ninguna persona o animal conocido. También localizaron una extraña sustancia entre la vegetación, que aseguraban brillaba cuando te alejabas de ella. Pese a que no parecía que hubiera rastro de aquellos extraños duendes, algunos agentes aseguraron escuchar extraños sonidos por el lugar, además de diversas luces que se alzaban desde la lejanía hasta el cielo estrellado. Aquella misma noche y tras marcharse los hombre del Sheriff, los Sutton decidieron pasar la noche que quedaba en su granja, aunque poco más tarde volverían a ver como aquellos duendes volvían a la carga, asomándose por la ventanas y creando de nuevo el pánico arma en mano.
Tras aquellos sucesos de la noche del 21 de agosto, aquella granja se hizo célebre en el lugar siendo visitada por cada vez más personas deseosas de conocer de primera mano la historia. Pese a que el ayuntamiento decidió ayudar a los Sutton a reconstruir su granja, ellos se negaron en rotundo hasta el punto de mudarse casi inmediatamente.
Los sucesos se intentaron explicar argumentando que unos monos escapados de un circo cercano y pintados de plateado pudieron confundir a las familias desatando la histeria, aunque esa teoría sería desacreditada debido a que unos monos pintados de color plata no serían capaces de repeler disparos de escopeta. Las fuerzas aéreas de los Estados Unidos que tenía una base cercana, ni confirmaron ni desmintieron que los radares hubieran detectado OVNIs por el cielo de Hopkinsville aquella noche, convirtiéndose aquel suceso, en uno de los casos de posible contacto extraterrestre más misterioso, que pocos se atrevían a no creer debido a la gran cantidad de testigos (11 en total).
Los terrenos de la granja fueron vendidos y hoy en día la pequeña granja de los Sutton ya no existe en el lugar exacto donde se levantaba, aún así infinidad de curiosos e investigadores OVNI siguen visitando el lugar y entrevistando a los descendientes de aquella familia que aún guardan aquel momento como una terrible pesadilla.
Esta historia inspiró a Steven Spielberg, que mientras recababa información OVNI y extraterrestre para su futura película "Encuentros en la 3ª fase" (1977), quiso estudiar el caso para producir una película en la que pequeños seres llegarían del espacio exterior para aterrorizar a unos granjeros, pero el proyecto se desecharía poco después.
Hoy los Duendes de Hopkinsville son todo un símbolo en el lugar y un reclamo turístico en toda regla.
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